Regularizar, una medida justa y digna.

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Lundi, 4 Juin, 2012
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¿Por qué obligar al emigrante a meterse en unas relaciones de fuerza cada vez más duras mientras que el proceso de regularización es una constante bajo la Vta República? Regularización a posteriori de 1,4 millón de trabajadores extranjeros bajo la presidencia de De Gaulle, de varios millares bajo las de Pompidou y Giscard y ello pese a un contexto difícil de crisis. Todo el mundo recordará también el comienzo de la presidencia de Mitterrand y de la esperanza recobrada para las más de 130 000 personas regularizadas. Siempre hubo constancia y regularidad en las regularizaciones.

 

 Si la regularización del 81 concierne mayoritariamente la inmigración laboral, la del 91, cualificada de “excepcional”, tiene objetivos “humanitarios”: es vinculada al alza del número de solicitantes de asilo ocurrida en el contexto de la caída del Muro de Berlín. Unos años más tarde, cuando el gobierno Jospin lanza nuevas olas de regularización en el 97 y el 98, otra vez no sólo es el criterio del trabajo sino el de la existencia de un vínculo familial que se pone adelante. De 150 000 solicitudes, serán regularizadas 90 000 personas. Luego, le toca a Nicolas Sarkozy, entonces ministro del Interior, interesarse por el tema. En 2006, después de dos años de movilización de RESF (la asociación francesa Red Educación Sin Fronteras), y por satisfacer a una opinión pública conmocionada por las expulsiones de familias de niños escolarizados, propone una regularización basada en criterios: pero de las 30 000 solicitudes presentadas, cerca de 7000 solamente se beneficiarán de un logro favorable. En esta operación, las cuotas y lo arbitrario triunfarán, tanto como en la nueva operación de regularización de la inmigración laboral conseguida en 2010 gracias a la presión de la CGT (equivalente francés de la UGT). Entre las 4000 solicitudes presentadas, solamente unas centenas serán aceptadas. Una regresión.

 Que sea o no generosa, la regularización se inserta en nuestra historia republicana como en una perspectiva europea porque ciertamente no somos el único país de practicar las regularizaciones. Por eso es por qué uno tiene que quedar razonable cuando aborda esta cuestión y ha de huir todos los encerramientos ideológicos. Huir también todos los argumentos falaces. Por ejemplo el de una regularización “global” que uno opone sin honradez a una regularización cuyas solicitudes serían examinadas “por separado”. Como si los partidarios de uno u otro de los métodos ignoraran que a cada solicitud le corresponden un nombre y un apellido y que les regularizaciones se realizan según criterios. Que estos deban ser revisados, tiendan hacia mayor objetividad y sean enunciados de forma clara para poner fin a lo arbitrario obviamente es un aspecto inescapable. Pero si se quiere avanzar en ese tema, hay que acabar primero con el debate ilusorio de la regularización “global”.

 Los refractarios a cualquier regularización ponen de relieve el argumento del alto porcentaje de forasteros sin empleo. Si es verdadero que el paro afecta más a los extranjeros (con un 17,9%) que a los Franceses (un 8,3%), también está demostrado que para los extranjeros extracomunitarios la tasa de desempleo aumenta con el nivel de cualificación. Lo que tendría a probar que se plantea primero la cuestión en matière de d’air???, sólo es preciso recordar que el 97% de la población mundial es sedentaria y que no es una circular ministerial de un país dado que va a dar movimiento a una estadística. Entonces no hay ningún trastorno de esperar en el mercado del empleo, tanto más cuanto que hoy como ayer, los trabajadores inmigrados ocupan puestos en los sectores en tensión: construcción, restauración, servicios, seguridad, limpieza…

En un mundo en el cual los desequilibrios demográficos y económicos siguen creciendo, el enfoque ideológico y restrictivo de la regularización preconizado por el gobierno desde 2007 nos parece indefendible y para decirlo todo poco responsable. La regularización es una herramienta que debe atenuar los efectos nefastos de una política de inmigración demasiado estricta. Por eso es por qué esperamos que este expediente sea uno de los primeros abiertos con ocasión de un próximo cambio político al frente del Estado. Esperamos de una izquierda en el gobierno que inicie un proceso de regularización tomando como base unos criterios claros que permitan acabar con el poder discrecional de las prefecturas. Estos criterios podrían ser vinculados a la duración de presencia en Francia y a la capacidad de presentar un compromiso de contratación. Un gobierno de izquierdas se honraría al iniciar ese proceso que devuelve dignidad al Hombre, a todos los invisibles que se levantan temprano por hacer avanzar Francia. Sería una manera hermosa de dar la espalda a una Francia encogida y replegada en el asusto a los demás auto‑generado. La regularización es una medida que supone justicia y coraje. Dos virtudes de las que la izquierda no es parca. Lo esperamos.

 

Pierre Henry de France Terre d'Asile

 

Traduit par Thomas Ruiz

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