Horror en Hungría: ¡los romaníes a los campos!

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Mardi, 20 Mai, 2014
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El gobierno autocrático húngaro puso en práctica un chantaje económico-social que obliga a 300 000 romaníes a realizar trabajos forzados. Este tipo de racismo estatal pasa ante los ojos de toda Europa.

El actual gobierno húngaro ha decidido poner a los romaníes en campos de trabajo. ¿Qué? Poco a poco esta medida va a involucrar cerca de 300 000 personas, 300 000 romaníes, sólo por el hecho de ser romaníes.

En septiembre de 2011, el gobierno húngaro cae en lo “innombrable”, en resumidas cuentas: “tú, desempleado, ve a unos de estos campos y si allí no haces los trabajos forzados, te quitaremos las ayudas sociales durante tres años”. Sobre el papel, esto no apunta exclusivamente a los romaníes, pero en la vida real es una medida racista evidente en contra de esta población. El periódico alemán Die Tageszeitung nos informa “esta medida concierne principalmente a los romaníes, cerca del 50% de esta comunidad, poco calificada y discriminada al momento de las contrataciones laborales, se encuentra sin empleo y viven solamente de las pocas ayudas sociales que reciben”. Es sin duda una medida injusta y discriminatoria, Szandor Szöke, líder del “Movimiento des los derechos civiles húngaros” viajó a Gyöngyöspata y observó que de los 40 trabajadores en las canteras 39 son romaníes.

 

Nada de alambrados, sólo campos de trabajo temporales

Gyöngyöspata es un pueblo al norte de Hungría, es también Europa ¿no? Cuando pregunto a Stella Méritxel Pradier presidenta de PATIV (Asociación Europea por el respeto y la dignidad de los manouches y de los romaníes): ¿Qué hace Europa? Ella me responde: “nada”. No, replico, me estás mintiendo; la socióloga insiste: las asociaciones para la defensa de las poblaciones de romaníes se dirigieron a la Unión Europea y esta les respondió: “nosotros no estamos al tanto de esta situación”. Lo único que preocupa a la Unión Europea es el carácter autocrático del gobierno húngaro. Esperando a que la Unión Europea reaccione, ¿Qué hace Francia al respecto?

Michel Billout es senador de Seine-et-Marne, miembro del Grupo de Amistad del senado franco-húngaro, quien sostiene que a la luz de los acontecimientos este grupo está a punto de desaparecer a lo cual el añade: estos son  campos temporales, el patrón viene a buscar a sus trabajadores aquí, para llevarlos un día allí y el otro allá, pero en el caso húngaro, no hay “trabajadores”, ellos son todos romaníes y su patrón no viene siempre a buscarlos. El senador habla con todo conocimiento de causa, ya que él es el autor del informe “La integración de los romaníes: un reto para la Unión Europea y sus Estados miembros” presentado el 6 de diciembre de 2012.

“Algunos deben recorrer más de 7 kilómetros para llegar a sus lugares de trabajo obligatorios. Sin agua, sin baños, expuestos al sol trabajan 10 horas cada día”

Michel Billout conocía ya Hungría en 1976 en donde él experimentó su “primer choque”. Él escuchaba: los zíngaros húngaros son sólo zíngaros y no húngaros. Esto quería decir que en aquella época la gente trabajaba junta, “no había diferencia entre romaníes y húngaros al interior de la mina”, pero los tiempos han cambiado, hoy en día la policía detiene a los romaníes para que estos trabajen, un poco como esos presidiarios condenados a trabajos forzados que partían piedras al borde de las rutas.

 

La incitación a trabajos pesados

Pero no es un sueño, es una pesadilla social. Las autoridades aseguran que esta situación no afecta sino a los romaníes húngaros que viven de las ayudas sociales (sic). “Salvo que cuando ahondamos en la realidad, cada vez que hay un trabajo pesado por hacer son los romaníes quienes lo hacen” indica el senador. Para el actual ministro de Recursos Humanos, Balog Zoltán, encargado de las políticas sociales, esto es normal: “los romaníes están en deuda con la sociedad” y este es la manera de reintegrarlos. La idea que los romaníes son una población de holgazanes está profundamente instaurada en el inconsciente popular. “De una política de inserción al empleo, pasamos a una política de incitación al trabajo…”. Peligroso, la frontera es estrecha entre la productividad y la esclavitud.

Mientras esperamos, la frontera entre la Unión Europea y Hungría se amplia. Para ver quien intenta derribar estos muros de intolerancia, Michel Billout, quien es también en el senado el vicepresidente de la Comisión de Asuntos Europeos, me asegura que no hay que buscar la solución del lado de la Unión Europea sino del lado de la Comisión Europea. La organización internacional garante de la Convención de los Derechos del Hombre reaccionó frente al “discurso de Grenoble” del presidente Sarkozy en 2010, un discurso que denigraba en particular los romaníes. La organización puso en práctica, a mediados de otoño de 2010, una estrategia que obligaba a cada Estado a redactar un documento sobre su política nacional con respecto a la situación actual de los romaníes. “A nivel europeo, esta medida fue casi una revolución” sonrió Michel Billout, igualmente miembro del grupo Comunista Republicano y Ciudadano. Todas las estrategias fueron presentadas por primera vez a mediados del otoño de 2011 y la Comisaria europea de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, Viviane Reding, creó, un año después en 2012, un grupo de seguimiento.

En realidad, algunos deben recorrer más de 7 kilómetros para llegar a sus lugares de trabajo obligatorios. Sin agua, sin baños, expuestos al sol trabajan 10 horas cada día en los campos, principalmente haciendo trabajos de construcción. Este dispositivo esclavista que se basa en un chantaje económico-social, busca involucrar 300 000 personas, y este es sólo el comienzo.

 

Dolpi

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